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UN ROGHI DE YEBALA diciembre 15, 2007

Posted by jonkepa in Historia, Personajes.
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Mohammed Ben el Hasan es Semlali el Haiani
Por Tomás García Figueras

En los trabajos que en su día publicó la revista “África” sobre la vida y hechos del Cherif Muley Ahmed el Raisuni, se hacía referencia al ataque de las cabilas de Yebala en principios del siglo XX en Tetuán, pareciendo deducirse que en ello había habido un acuerdo entre el Roghi Bu Hamara (representado por Habid Said), el Raisuni y un pretendiente al trono que estaba en Chauen y al que llamaban el Sultán del Ajmás, Mohamed Hanati el Haiani.

Encuentro entre mis apuntes algunos datos curiosos y algunas precisiones que amplían y aclaran determinados extremos de los allí contenidos. Los doy a conocer a continuación. Una vez que el Roghi Bu Hamara hubo conseguido la sumisión de las cabilas de Haiata, Tesul, Branes, Hinaina y algunas otras, pensó en extender sus dominios a las cabilas de Gomara y Yebala. Para esta amisión designó como hombre de su confianza al Cherif Sidi el Habib es-Said, que al frente de una corta mehal-la comenzó a desarrollar el plan. Entró en Gomara, por Metiua, y de allí, de cabila en cabila, llegó a Uad Lau, hacia el mes de Sáfar o Rabía Al Auel del año 1321 de la era musulmana (mayo de 1903 cristiano). Su tarea no fue difícil ni arriesgada, ya que los tiempos eran de rebeldía y de indecisión y los montañeses creían de buena fe los muchos bulos que se hacían circular intencionadamente por Yebala. Estas gestiones las llevaba a cabo convenciendo y atrayendo con halagos y promesas a los principales chorfa, ulemas y notables y estos eran los encargados de arrastrar consigo a las masas de las cabilas, que se entusiasmaban con los relatos de las grandes razzias que veían en perspectiva.

Entre los principales notables de Gomara que acudieron a la citación del Cherif es-Said y se pusieron incondicionalmente a sus órdenes, se recuerda al Cherif Sid Abdel-lah el Uazani, y al Fakih el Sammar, de Beni Ziat, y el exCaid de Beni Manzor, Sid Abdeslam el Crutz, con los cuales y con una numerosa harka, pasaron, entre mayo y junio, a Beni Madan, acampando en el lugar denominado El Buier (el pocito), cerca del poblado de Emsá, con objeto de intimidar a rendición a la plaza de Tetuán, en la que los montañeses se prometían rico botín, pues contaban con una entrada fácil y con grandes riquezas que encontrarían, tanto en el barrio moro como en la judería.

La plaza de Tetuán estaba mandada en aquella fecha por el Caid Kaddur Belgasi, y en ella se encontraban accidentalmente Sid Mohammed el Merani, que poco antes había sustituido a Muley Arafa en su doble cargo de Jalifa del Sultán y de jefe de la harka que había sido enviada para reforzar la guarnición y defensa contra cualquier posible ataque de los yebalas. Estas autoridades, que estaban muy bien informadas de todos los movimientos de los rebeldes, estuvieron viendo desde la batería mora Lescala, en la Puerta de la Reina, el asentamiento del campamento y la actividad que en el mismo se desplegaba. Acto seguido dispusieron una reunión de los caídes de la harka y de la guarnición, ordenándose la inmediata concentración de la tropa, distribuyéndose armas y municiones y acordándose hacer una salida contra el campamento enemigo, la cual se efectuó aquella misma tarde, hacia las 16 horas, con sólo unos 800 hombres, de ellos unos 50 de caballería.

La harka del Cherif es-Said estaría compuesta por unos mil montañeses, y les cogió tan de sorpresa el ataque que no se dieron cuenta de él hasta tener encima las fuerzas que habían salido de la plaza; y así, cuando se dio la voz de alarma, sólo pensaron en ponerse a salvo. El ataque se hizo por el llano, y el Cherif es-Said con sus amigos, se salvaron a uña de caballo, huyendo por un camino en dirección a Mokedasen, con lo cual se disolvió la harka, desapareciendo de esta región el Jalifa de Bu Hamara y sus secuaces, creyéndose que marcharon a unírseles en la Alcazaba de Snada (Julio, 1903).

Con esto quedó liquidado este episodio del ataque a Tetuán; la plaza había de sufrir otro casi simultáneamente, pero proyectado y realizado con total independencia del anterior y es en él en el que interviene el Roghi del Ajmás, Mohammed ben el Hasan el Haiani. Este individuo prestaba también sus servicios en la harka de Bu Hamara cuando estaba actuaba en las zonas que pertenecieron luego al Protectorado francés; pero cuando el pretendiente dio al Cherif es-Said el nombramiento de Jalifa para que pasara a Gomara, Mohammed ben el Hasan, que gozaba de la confianza del Roghi, pero que odiaba al Cherif es-Said, envidioso y disgustado, abandonó al Roghi Bu Hamara y, atravesando las cabilas de Senhaya, Beni Zerual y Beni Ahamed, llegó al poblado de Izid (Ajmás), donde se presentó un día a Sid Mohamed ben el Fakih Sid Alí el Izidi, que gozaba reputación de santo, haciéndole creer que era el príncipe Mohammed ben Muley Hasan el Alaui (la misma superchería que venía utilizando Bu Hamara); que había huido y que se había alzado para reivindicar sus derechos al trono de Marruecos. El Izidi lo creyó de buena fe, lo acogió en su casa de Beni Izid, lo rodeó de toda clase de atenciones y se puso incondicionalmente a sus órdenes.

El falso príncipe no perdió el tiempo e hizo que inmediatamente enviara Sid Mohammed Ben el Fakih certas a todos los chorfa, ulemas y notables de la cabila comunicándoles la noticia y citándolos a una reunión para tomar acuerdos. Estas cartas dieron el resultado apetecido por el Haiani, acudiendo los principales de la cabila, a los que fácilmente pudo convencer de que el Roghi Bu Hamara era un impostor y él era el verdadero Príncipe y, por lo tanto, Mul-es-Saa (el dueño de la hora) y que sólo anhelaba el bien de Marruecos y de los musulmanes.

Entre los que acudieron al llamamiento figuraban: el entonces Caid del Ajmás, Al-lal ben Hamda; su hermano Abdeslam, Sid Aamar Boccor, Sid Tahar Zecri, Sid Abdeslam Aadila, Sid Mohammed ben el Hach ben Aimran, Alí ben Achercuo, Hamman ban Azgan, Mohammed Ahatri, Sid Abdeslam el Hal-lili, El Hach el Akami Zebah, Ahmed ben Deggun el Far, Ahmed ben Abdeslam Mesba, Sid Mohammed el Fakih ben Hason, Ahmed Korrit, Sid Mohammed ben Ayyu (a) Ueld el Hasanía, y otros muchos que no se recuerdan. La primera reunión se celebró en un ambiente cordial y casi familiar, y en ella les expuso el falso príncipe su propósito de dirigirse a Tetuán y ocupar la plaza antes de que lo hicieran los partidarios del Roghi Bu Hamara; para ello contaba con el apoyo de los montañeses y con la baraca que él poseía para enfriar las balas de cañón y fusil, con lo que podían estar seguros de que todo ello se efectuaría fácilmente y sin que les costaran bajas.

También les dijo, para interesarlos más, que para dirigir los negocios del Estado era preciso que fueran  pensando en las personas que podían desempeñar los cargos más importantes e indispensables del Majzen, a lo que contestaron que entre ellos no había personal capacitado; pero que conocían a vecinos de Chauen que, por las condiciones que en ellos concurrían, eran los más adecuados para esas funciones de gobierno que requería la administración del país.

Los indicados fueron: Muley Sadik ben Mohatar el Raisuni, Sid Kasem ben Ahmed Rian y Sid Abdselam ben Sid Al-lal ben Aimran; inmediatamente se les envió un escrito comunicándoselo, y los cronistas marroquíes, tan minuciosos en sus detalles, hacen constar que el escrito les fue llevado por un tal Nippo, del poblado de Sidi Issef Tilidi, señalándole el mismo pretendiente una sóhora (honorarios) de diez duros. Los citados acudieron llevándole regalos, consistentes en dulces, y después de la presentación fueron nombrados Gran Visir, Amín el Umana y Ministro del Exterior respectivamente. El pretendiente nombró también cateb suyo al Fakih Sid Mohammed ben el Hach Abdselam el Aabudi, del poblado de Tay en Nassar (Ajmás Bajo), quedando los demás cargos pendientes de nombrar hasta que llegaran a Tetuán. Tomadas estas disposiciones continuaron las conferencias con los notables rezagados de las cabilas y que llegaban unos llamados y otros atraídos por la curiosidad. Se acordó trasladarse a Chauen con objeto de ganar tiempo.

Su estancia en esta ciudad sólo duró tres días, fijando su residencia en la casa de la Alcazaba, que le fue amueblada por los de Chauen. Como iba escaso de ropas y precisaba, además, recibir dignamente a las comisiones, ordenó a su flamante Gran Visir que le compraran un sulham, un trono y un sello para las cartas y nombramientos; todo lo cual fue encargado y hecho a toda prisa. Nuevamente interviene la minuciosidad del cronista para decirnos que el sello fue hecho por el judío Menahen Chocrón, que lo hizo durante la noche en la casa del Gran Visir; el trono lo construyó el maalem Mohammed el Aekel (a) el Aauikel, y consistía en un sillón con tres escalones de madera para subir a él; tenía brazos y todo ello con dibujos típicos. El sulham no fue posible encontrarlo en el comercio, siendo comprado uno que, como recuerdo de su esposo, conservaba la viuda del Cherif Sid Mohammed ben Taieb ben el Amín el Alami, a la cual obligaron a venderlo porque se negaba a desprenderse de él. El trono se hizo pequeño para que pudiera ser transportado en una acémila cuando S. A. decidiera trasladarse a otra parte. 

Sin embargo, por ciertos detalles que los notables pusieron apreciar en el fingido príncipe, comenzaron a sospechar de él y, por lo que pudiera ocurrir, se reunieron la segunda noche de su entrada en Chauen, en la casa que en el barrio del Zoco tenía Uld el Far, unos cuantos notables, quienes, después de examinar la situación y el perjuicio que pudiera acarrearles el dar asilo y apoyo al príncipe si este no era el verdadero Muley Mohammed, acordaron proponerle al día siguiente que marchara al santuario de Mulay Abdselam, en el Yebel Alam, haciéndole ver que en ese lugar era donde se tomaban todos los acuerdos importantes y así, de una manera política, alejarlo de ellos. Todo se hizo como lo habían pensado y el príncipe, al hablarle de ello a la mañana siguiente, se mostró propicio a ese traslado, alegando que le urgía ganar tiempo y llegar cuanto antes a Tetuán, pues le habían dado noticias de que el Cherif es-Said había acampado en Beni Madan y les convenía adelantársele a su ocupación; por lo que, con la consiguiente alegría de los de Chauen y el Ajmás, se hicieron los preparativos de marcha al Santuario, siendo aclamado a su llegada por un inmenso gentío de todas las cabilas, a las que previamente se había convocado por medio de emisarios para tomar acuerdos y oír la palabra de Mul-es-Saa, el príncipe Muley Mohammed ben Muley Hasan el Alaui.

Una vez llegado al santuario de Muley Abdselam y después de orar e invocar la protección del Santo, Muley Mohammed ocupó su trono, que fue colocado delante de la reja grande; los pregoneros citaron al público a reunirse ante S. A. y a guardar silencio y, cuando éste se hizo, el príncipe habló lo que sigue: “Hermanos musulmanes: he venido a este lugar sagrado para procurar el bien de los musulmanes; me he rebelado y alzado para libraros de los coronelistas (frase con la que se indicaba a los partidarios del Sultán que estaba dirigidos por el coronel Mac-Lean); espero que todos vosotros me ayudaréis a elevar la bandera de la religión y la palabra de los buenos musulmanes, por lo que, si así lo hacéis, habéis de tener la seguridad de que vuestra empresa tendrá la ayuda de Dios y de Muley Abdselam y obtendremos la victoria sobre sus enemigos”. Segudamente se hizo una fatha, se enviaron nuevos emisarios a las cabilas de Beni Mesauar, Uadrás, Ányera, el Haus, Beni Ider y Beni Hozmar, ordenando a los que habían acudido al santuario que ocupasen posiciones en las inmediaciones de Tetuán y esperasen allí su llegada para hacer juntos la entrada en la ciudad, volviéndoles a insistir en que ello sería fácil y sin bajas, debido a su baraca.

El regreso de Mulay Abdselam tuvo lugar el mismo día, marchando a Arainex (Beni Arós), donde pernoctaron, alojándose el príncipe en la casa de Hamido Succan, y al día siguiente reanudaron la marcha a Ben Karrich, donde establecieron su campamento cuatro días después del ataque y dispersión de la harka del Cherif Sid el Habid es-Said.

Las cabilas anteriormente citadas habían cumplido todas las órdenes recibidas y ocupado todas las alturas desde Samsa hasta Laucien, y sólo esperaban que el príncipe iniciara el avance para hacerlo ellos al mismo tiempo, pues estaban impacientes y llenos de entusiasmo, no sólo por la ilusión del botín que pensaban obtener, sino por lo que se les había dicho y garantizado de que no habrían de sufrir bajas, ya que el príncipe enfriaba las balas de fusil y de cañón y las puertas se abrirían a su paso sin necesidad de forzarlas. El Cherif Muley Ahmed el Raisuni, que había tenido noticias de la reunión de Muley Abdselam, acudió a Ben Karrich para presentar sus respetos al príncipe, acompañándole Mohammed Amezggaru (a) Abarudi, del Hadia (Uadrás) y otros notables de las cabilas de Yebala, siéndole regalado por el citado Raisuni un caballo y regresando después de ello cada cual a su puesto.

El Bajá de Tetuán, Caid Kaddur Belgasi, y el Jalifa del Sultán, Sid Mohammed el Merani, hombres de guerra, valerosos y que no se dormían, tuvieron noticias de la llegada de la nueva harka a Ben Karrich y, sin perder tiempo, mandaron reunir sus caídes, que lo eran: El Bachir ben Sennah, Hach Al-lal el Harbili, Hammadi el Zemrani, Ahmed ben Hadi el Hasnaui, Embarek el Aauari, Brik el Zemrani y Buchaib el Yedidi, todos ellos de la harka de Muley Arafa; y caid Alí Acalai y Ahmed ben Draui, de la guarnición, así como el jefe de la artillería, Hach Al-lal el Charradi; se dieron órdenes y tomaron disposiciones y a la mañana siguiente hicieron una salida para combatir a la harka, pero sin darse cuenta de que los anyerinos habían tomado las alturas de Samsa, noticia que desde la plaza le fue comunicada al caid Kaddur el Lebbadi cuando ya estaba cerca del río Samsa, en cuyo momento ordenó hacer alto a sus tropas y con el único cañón que tenía batió dichas lomas, aunque hay que señalar que bastaron seis cañonazos para dispersarlos y hacerlos huir desordenadamente, tal vez porque no tenían demasiada fe en las promesas de inmunidad que les habían sido hechas. Cuando el caid Kaddur desalojó a los yebalas de las lomas de Samsa pudo ya continuar la marcha.   

Cuando la vanguardia de las tropas del Sultán llegó al lugar denominado El Humet, tuvo que librar combate con los de Ányera, que estaban parapetados en sus alturas (en una de las curvas más pronunciadas del camino, cerca de Laucien). Mientras se trababa este combate en territorio de Uadrás y del Haus, los de la harka de Ben Karrich y el falso príncipe no esperaron  a que llegaran a ellos y se dieron a la fuga, haciéndolo Muley Mohammed en caballo hasta llegar al poblado de Tifrauen (Ajmás Bajo), donde aún vivía en la fecha de los datos que tengo a la vista, el 3 de marzo de 1944.

Debió morir poco después, ya que en otros datos de marzo de 1946, se dice: “Con sus hijos siguió viviendo en dicho poblado hasta que le sorprendió lo que todo lo destruye (la muerte) y a la que sólo se impone Dios glorificado y eterno”. 

Con la minuciosidad de los cronistas a que nos hemos referido, señalan las siguientes precisiones de las bajas tenidas por los de Tetuán (en la operación tomaron parte como voluntarios unos quinientos naturales de la ciudad, entre los que figuraban hijos de los principales notables de ella). Las bajas fueron: el sargento Mohammed el Hasani, que era el portador del Trrada (banderín); Ahmed el Malqui y Sidi Mohammed ben Sebeh, muertos del tabor de Tetuán; el jalifa del caid Brik el Zemrani, también muerto;  el caid Salem, del Tabor de de Brik el Zemrani, herido; y Krimo el Saidi, del tabor de Tetuán, igualmente herido. La precisión llega a afirmar que todas estas bajas fueron hechas por Alí Buden, de Ányera, el cual fue hecho prisionero en unión de treinta y siete más de Ányera, Uadrás y Beni Ider. Las tropas del Sultán incendiaron el poblado de Buraian (Uadrás), cortaron veinticuatro cabezas, que fueron expuestas al público en la Puerta de Tánger, de la muralla de Tetuán. La lección no fue desaprovechada; pasados quince o veinte días de estos sucesos acudieron comisiones de la cabila a Tetuán para sacrificar y hacer acto de sumisión ante las autoridades. Y aun el detalle del comentarista llega a consignar que el trono hecho en Chauen para el príncipe tenía el asiento y los brazos forrados de paño verde y estaba relleno de lana de los colchones del flamante Gran Visir Muley Sedik ben el Mohtar el Raisuni.

Tal es la historia pintoresca de este Roghi de Yebala, cuyas andanzas han sido poco divulgadas y que ponen de relieve el modo de ser de los yebalas que, luego de lo sucedido, permitieron a Mohammed ben el Hasan el Haiani vivir, siguiendo la vida normal de un poblado cualquiera del Ajmás.

La Medina

Comentarios

1. libra-20 - enero 19, 2011

Melilla y Ceuta , más tarde o más temprano serán marroquíes, la gran mayoría de la población española pensamos que no merecen la pena, como par una guerra con marruecos.

jonkepa - enero 19, 2011

¿Hablas en nombre de la mayoría?, en el mío no, desde luego.


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