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La cálida noche rifeña diciembre 29, 2007

Posted by jonkepa in General, Rif.
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Alhucemas, la actual Al Hoceima, vendría de Al Khozama, que significa espliego. Es un buen nombre para una ciudad que se tiñe de color lavanda al atardecer y que se derrama a lo largo de una sinuosa línea de calas con las espaldas cubiertas por los montes del Rif. Muchas casas del centro están colgadas de un farallón con forma de herradura sobre playa Quemado. Aún se conoce con semejante disonancia a esa playa que, al igual que Cara Bonita, mantiene su nombre del tiempo colonial. Desde playa Quemado se ve Alhucemas como una ciudad casi flotante en el aire como el castillo de Magritte. Cuando el día acaba, y el almuédano convoca a la oración, los chillidos de las gaviotas toman playa Quemado y la noche rifeña se insinúa provocando nostalgias y deseos, aunque sea de un té con yerbabuena.

El terremoto del 24 de febrero de 2004 causó más de medio millar de muertos sólo en la ciudad de Alhucemas. Es la zona más sísmica de Marruecos, con epicentro en la falla de Nekor, frente por frente del peñón de Alhucemas. El seísmo, de una intensidad de 6,5 en la escala de Richter, devastó pueblos enteros y en la misma Alhucemas dejó incontables grietas, cicatrices y agujeros. El zoco todavía tiene alguna huella de eso, pero es digno de ser visitado por su toque entre exótico y familiar, por sus granadas y chicharros, sémola y azafrán, higos chumbos del Rif y caquis de Andalucía. Un pescadero te puede decir que ya podría alguien arreglar las aceras cuarteadas. Pero esta pequeña ciudad, asomada a un mar de plata lleno de sardinas, y adornada con playas rubias y sanos pinares, para todo se toma su tiempo. Alhucemas siempre ha sobresalido por su placidez en la costa del noreste de Marruecos, una sucesión de calas bravas y vacías y montes pelados con escasos aduares que van hasta Melilla y más allá.

A contramano

Por otro lado, Alhucemas tiene ese punto atractivo de los viajes a ciudades a contramano, incluso de los viajes a destiempo. No sólo tiene a favor buenas vistas y playas que no se llenan ni siquiera en lo más caliente del verano, sino el carácter de la gente local, los de las cabilas beni urriaguel y bocoya, con su mezcla de afabilidad y orgullo. Luego está todo ese filón de lo histórico evocativo. Alhucemas atrajo, como si fuese un imán, muchas turbulencias y codicias en ambas bandas del Mediterráneo. Llegó a llamarse Villa Sanjurjo desde 1926 a 1956, con el paréntesis de Villa Alhucemas durante la II República. El general Sanjurjo, perejil de muchas salsas agrias y no menos golpes, participó en el desembarco de Alhucemas de 1925, el que lavó la cara militar tras el desastre de Annual de 1921. Después, Sanjurjo contribuyó a fundar la moderna Alhucemas sobre lo que apenas era un caserío junto a la batería de playas que van desde Quemado hasta Isly (antiguamente, Espalmadero).

Alhucemas dista apenas 160 kilómetros de Melilla. No tiene sentido seguir viéndola como un rincón de la geografía y de la historia. En Nador, la primera ciudad marroquí después de la frontera, hay carteles que anuncian taller de Mikanika o Tchatarrería Carlos. Nunca se sabe. El rótulo de farmacia sigue ganando la mano a Pharmacie. Hace unos meses han terminado una nueva carretera que bordea la solitaria costa del Rif y en un par de horas se está en Alhucemas, un lugar que nada más llegar no parece extraño. Los dueños de la Panadería La Rifeña dicen que no quieren cambiar el bonito rótulo de su establecimiento, con una barra y una hogaza, que viene de cuando el Protectorado. Muchas calles del centro conservan sus viejas placas en español y en árabe. En el puro cogollo de la villa se alza el muy activo Instituto Español Melchor de Jovellanos, perteneciente al Ministerio de Educación y Ciencia, y enclavado en un edificio de pretensiones andalusíes o neomoriscas con un gran escudo preconstitucional de azulejos que recuerda que eso fue un cuartel.

De todos modos lo más descollante de Alhucemas es la isla que está frente a la playa de Asfiha, a ocho kilómetros del centro. Parece la isla del día de antes, la de Umberto Eco, aunque no tenga palmeras. Más bien es una especie de fantasmagoría, un barco de piedra blanca lleno de edificios pegados unos con otros, los cuarteles, los almacenes, la iglesia y la torre que parece la cofa. Todo ello se asienta sobre un casco de sólidas murallas formando un conjunto compacto por donde se supone que no entra ni una gumía. Los nombres que recibe son tercos: peñón de Alhucemas, o presidio de Alhucemas, cuando en realidad se trata de una isla de 30 metros de altura, 150 de longitud y 80 de anchura. Fue un regalo que hizo en 1560 el sultán de Fez (el cherif Muley Mohammed) a Felipe II. Hoy sería el sueño de cualquier promotora turística de las que ya empiezan a dar sus pasos de pulpo en el litoral rifeño, incluso más allá de Melilla, hacia la frontera argelina.

Aunque la historia del peñón de Alhucemas haya sido azacanada como pocas, la bandera española sigue ondeando allí. Fue sitiado por una escuadra inglesa en 1803, y ambicionado por los franceses. Por él pasaron piratas y, menos, moros y cristianos, y por lo que se refiere a España, abundantes prisioneros políticos, tanto liberales como carlistas. Cuenta el cronista melillense Constantino Domínguez que en 1838 se produjo la sublevación de la guarnición compuesta por Francos Voluntarios de Granada. El presidiario José María de Quintana tomó el mando de un batallón rebelde y consiguieron atrapar dos barcos con los que escaparon a la Península.

La Yemauría Rifía

El caudillo rifeño Abd el Krim era natural de Axdir, localidad contigua a Alhucemas y poblada por la gente beni urriaguel. En 1921, Abd el Krim llegó a implantar la Yemauría Rifía, la República del Rif, que no por breve dejó de promulgar sus leyes. Una de ellas obligó a las tribus a cortarse el pelo y en especial la coleta para que eso no fuera un signo distintivo de la cabila. Abd el Krim, el triunfador en la batalla de Annual, se quería sacar la espina del peñón español hincado en su patria chica. Lo atacó, pero sin resultado, y ahí está, como un navío a unos 800 metros de la playa.

El peñón no es visitable salvo con un permiso del Ejército español, pero se tienen buenas vistas de él viniendo por carretera desde Alhucemas y desde la misma arena de Asfiha. Los Regulares de Melilla que lo custodian tampoco desembarcan para confraternizar o avituallarse, eso se hace desde Melilla y por el mar de Alborán. En caso de necesidad aterriza un helicóptero militar en la minúscula plaza del peñón.

Los marroquíes lo llaman Adgiar en Necor, peñón de Nekor, el nombre de un antiguo emir local. También se llama Nekor el río que riega la buena vega que se extiende en el litoral. Hasta 2003 funcionaba allí mismo, bien camuflado entre un bosque y el mar, un flamante Club Méditerranée. Hoy día está medio comido por la maleza y en espera de acontecimientos, por lo menos urbanísticos. Es otra sorpresa de un lugar que a fin de cuentas debería ser llamado islas Alhucemas. Y es que al lado del peñón están la isla del Mar, o de Afuera, usada antaño como cantera, y la isla de Tierra, o de Adentro, que sirvió como cementerio según se ve en el excelente mapa de 1850, obra de Francisco Coello. Ambas islitas son unas canchas pedregosas, deshabitadas, y alcanzables a nado desde la playa, pero en ellas se enseñorea la bandera española sin que se haya tenido constancia de una invasión de cabreros, de bañistas con flotadores de pato, o de otro tipo, como sucedió en Leila, o Perejil, peña allá por Ceuta y teatro de algo que de cantar de gesta se quedó en fanfarria.

 

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar

– En verano, Comanav (www.comanav.co.ma) y

Acciona Transmediterránea (www.transmediterranea.es) tienen ferrys con conexiones diarias Almería-Alhucemas.

– Entre octubre y mayo, se puede viajar a Melilla y de allí ir en coche a Alhucemas, que dista 160 kilómetros. Iberia (902 400 500; http://www.iberia.com) vuela desde Madrid a partir de 138,25 euros, tasas incluidas.

Acciona Transmediterránea tiene ferrys con dos conexiones diarias Málaga-Melilla y una con Almería.

Información

http://www.turismomarruecos.com.

http://www.alhucemas.info.

Luis Pancorbo para El País.

Comentarios

1. jonkepa - diciembre 29, 2007

Dos propuestas para escapadas cortas que puedes hacer en tu propio auto y que puedes fundir en un único circuito. Muy recomendada para los nostálgicos del pasado y amantes de lo raro que con pocos días quieran visitar los encantos del Rif y/o la Yebala desde las “Plazas de Soberanía” de Ceuta y Melilla. Numerosos transbordadores unen estas ciudades con los puertos de Málaga, Almería y Algeciras.
Entre 1912 y 1956 España tuvo uno de los últimos jirones de un imperio colonial que en otros tiempos fue vasto. Después de la pérdida de Cuba y de las Filipinas, con un ejército ávido de poder y “peligroso” en la Península, España se lanza sobre el Norte de África siguiendo un viejo sueño del s. XIX.
Así somete, tras duras y costosas campañas militares al Rif y la Yebala.

De esta presencia española hoy queda muy poco, ya que sólo construyeron cuarteles y lugares de entretenimiento para oficiales y funcionarios. La lengua se mantiene a duras penas gracias a TVE , porque las instituciones culturales y escolares no tienen casi proyección sobre la población marroquí. Para colmar este desinterés aparece la ley de extranjería que ignora y margina a nuestros vecinos que muchos se ven forzados a atravesar el Estrecho en las peligrosas “pateras”.

-Por los caminos del Rif….
El Rif, zona de ariscas montañas y de recortada costa, es una parte de Marruecos que no figura en las alternativas de viaje ofrecidas normalmente por las agencias.

Abandonada por todos y de tantos recuerdos históricos para España, ofrece al viajero la sobriedad de sus gentes y lo escarpado de sus paisajes, lo que nos va a permitir estar en contacto con la naturaleza y no en grandes ciudades repletas de turistas.

El viaje lo puedes abordar desde el puerto de Melilla para ir costeando aldeas y pueblos que figuran en pocos mapas, hasta llegar a Alhucemas (ex-Villa Sanjurjo) , cuna de la primera y única república bereber de la historia promovida por Abdelkrim.

La ruta fue escenario de batallas de funesta memoria para los españoles; Llano Amarillo, Annual, etc… Si dispones de tiempo hay una bifurcación en Driuch que por una escarpada carretera te lleva también a Alhucemas pasando por Annual donde en 1921 se produjo el famoso “desastre” con la escalofriante cifra de 15.000 muertos. Dejamos el macabro escenario y en la costa vemos el “Peñón de Alhucemas” administrado por España.

Desde Alhucemas dos caminos conducen a Ketama, uno rápido que pasa por Targuist y otro cerca de la costa que te lleva a Torres de Alcalá y la solitaria Cala Iris. A tan sólo 4 km donde termina el camino, hay una fantástica vista del Peñón de Velez de la Gomera unido a tierra por un istmo y frente a Badis.

La desembocadura del río Badis era en el medievo el puerto más importante de Fez. Genoveses y Venecianos recalaban para comerciar con las caravanas. La llegada de los españoles (1508) al Peñón provocó la decadencia de este puerto. Pocos años más tarde llegaron los piratas que fueron desplazados definitivamente por 90 galeras enviadas por Felipe II en 1564. Hoy casi 5 siglos después, España mantiene a una pequeña guarnición que abastecen con helicóptero.

Los bosques de cedros insólitos, a pocos kilómetros de la costa mediterránea, escoltan los sembrados del “kif” de Ketama, de donde sale el mejor costo del mundo.

Desde las aldeas de la costa empecinados marineros intentan introducirlo en España y Europa en sus pateras. Ahora, al parecer, produce más el transporte de desesperados emigrantes.

Salimos de Ketama y de nuevo dos vías, la principal a Chauen y otra costera hacia El-Jebha. Bu Ahmed, Targha, Ued Lau, río Martín, son de los pocos núcleos que albergan alguna población en sus calas de agua limpia idóneas para, por ej. , la pesca submarina. El resto de la costa rifeña tiene un hábitat disperso.

Chauen y Tetuán son una imagen viva de la ex Andalucía musulmana y sus gentes están muy cercanas en su lengua y costumbres a las gentes de la España del sur.

…y por los caminos de la Yebala.
Una vez pasada la frontera con Ceuta toma la carretera que bordea el Mediterráneo hasta Tetuán, ciudad que tiene una de las “Medinas” más interesantes de Marruecos, habitada por andalusíes y sefarditas asentados cerca de la España de la que fueron expulsados por los Reyes Católicos.

Cerca de aquí y por un escarpado camino se llega a Ued Lau, pueblo de pescadores , con unas excelentes calas.
Atravesando la cordillera del Rif se llega a Chauen, ciudad vedada al cristiano hasta principios de este siglo. Allí encontraremos un pedazo de Andalucía, pulcra y reluciente en sus calles, con gentes que hablan un castellano muy peculiar.

Bajas de Chauen y en el cruce de Derdara tomas el estrecho asfalto hacia Alcazarquivir y unos 15 km antes de esta población hay un desvío a la derecha que nos conduce a Yayuca (3 km de pista en mal estado, se puede dejar el auto y subir a pie). Es una pequeña aldea en el corazón de la Yebala.

Sus habitantes comparten el trabajo agrícola con la música, y la banda local actúa en casi todas las fiestas de la región. El escritor Paul Bowles pasó una temporada en esta kábila donde escribió la novela “Déjala que caiga” entre cachimbas de kif y orgías musicales. Años más tarde fueron los Rolling Stones a grabar un LP con toda la parafernalia de equipo a este remoto lugar , donde aún no llega el asfalto. De aquel encuentro nos queda el disco “Yayuca’s Sounds” y una casa construida para albergar en su momento al famoso grupo y hoy lugar de ensayo de los músicos y albergue rudimentario donde te puedes alojar e incluso pasar varios días.

Por la mañana al levantarte unos huevos revueltos con cebollitas y tomatillos acompañados de vasitos de té. Luego paseos por los olivares y almazaras donde sacan un excelente aceite. Pollito que vuela, a la cazuela… y a la caída de la tarde algunos músicos te deleitaran con sus flautas y darbugas interpretando una suave música con variaciones sobre un mismo tema. Las largas cachimbas que aquí se fuman te ayudaran a entrar en ese ritmo envolvente que te atrapa.

Por la noche , aunque no siempre, se juntan los del grupo y ya tocan la “Ghaita” aguda y estridente con más percusión de tambores. Sonido penetrante hasta lo más profundo de tu tímpano que te puede conducir a un estado de trance. Un buen tayine de cordero remata bien la jornada. Bertolucci en una secuencia de “El Cielo Protector”, nos muestra a Malkovich moribundo con una “ghaita” casi metida en la oreja e implorandole al músico que no pare.

Bajando de Yayuca se entra en la fértil vega del Lukus con Alcazarquivir cómo primer centro agrícola con uno de los mayores zocos del país (domingo). Siguiendo el curso del río hasta su desembocadura en el Atlántico llegamos a Larache, ciudad blanca y muy “española” con un bonito puerto pesquero, una cocina deliciosa y playas kilométricas.

Cerca de Larache, hay un santuario (morabito de Sidi M?Barek) instalado junto al río y en una colina sembrada de arboles milenarios que dan al lugar un ambiente mágico muy propicio para poder recibir los servicios del Santo. Los fieles que allí van, deben lavarse previamente en una pequeña cuevecilla que hay al pie de la colina y dejar alguna prenda colgada de los numerosos árboles que rodean al morabito. Las terrazas dispuestas anárquicamente y a diferentes niveles del edificio principal, son un buen lugar para ver la desembocadura del fértil Río Lukus y las ruinas romanas del Lixus.

A 30 km y muy cerca del cruce de las carreteras de Tánger y Tetuán y tomando el desvío a T’nin de Sidi el Yamani y siguiendo 7 Km más hacia Mzora, hay un impresionante monumento megalítico. Cromlech con 200 menhires envolviendo circularmente un túmulo funerario de 6 m de altura y 55 m. de diámetro.

A poca distancia y en la costa está Arcila, la Zilis fenicia, antiguo puerto pirata amurallado y con una impresionante playa con pescaito frito y buen marisco. Todos los años y durante el mes de agosto, se celebra un festival con todo tipo de manifestaciones artísticas. Buena ocasión para conocer a las vanguardias artísticas marroquíes.

Tánger, ciudad internacional, gozó de un estatuto especial durante la dominación colonial y ha heredado de todos los personajes que han pasado por ella una gracia especial. Espías, aventureros, apátridas, buscavidas, escritores, logreros, pintores, marqueses pobres, etc. le dieron a sus habitantes una personalidad internacional que aun hoy se puede apreciar. La alcazaba, el zoco chico, el café de París, los viejos cabarets, el bosque diplomático y otros muchos lugares que debeis recorrer.

Si no retornas desde el puerto de Tánger y tienes tiempo, regresa por Ceuta tomando la sinuosa carretera que bordea el estrecho y que pasa por Alcázar Seghir, punto más cercano a Tarifa y con unas bonitas vistas.

http://www.elpais.com

2. soukaina - junio 9, 2008

waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaw 3la alhuceima dyalna waw waw waw walah al3adim ila waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaw rabi ikhalilna aljauhar dyalna alhuceimaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

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